A continuación comparto con ustedes un videopoema de VASЯ (Leningrado, 1990), gracias a la ayuda traductora de mi amigo, y también poeta, Ilya Veseloff (Tula, 1991). Cuelgo el videopoema en sí aunque, como es de entender, la mayoría de los ibéricos no entenderemos absolutamente nada.
OH LAS CIGÜEÑAS, OH LAS CIGÜEÑAS
Oh las cigüeñas, oh las cigüeñas...
Y si en mi garganta no estuvieran estas piedras
te diria que te quiero
pero igual que ayer hoy no puedo
perdón.
Mataré a un cigarro,
ahorraré un poco de dinero para bombones
Hola, amigo!
Te reconocí por tu capa negra!
No estoy triste sobre lo que pasó, lo que ha pasado...
No soy cantor, y mi voz echa mierda de tabaco;
no tienes que amarme, vale...
Aunque no se lo prohibiré,
Matemos a dos pájaros -
les gusta,
me gusta...
Oh las cigüeñas,
oh las cigüeñas...
Para descansar no hace falta el alcohol,
para mis pupilas como un cero,
para que yo luego en fin un cero...
Ojos, sonrisa, un puñado de tontos!
Soy VASЯ, y odio a los parásitos:
he comprado un spray contra mosquitos.
Traseros hermosos, son incontables...
Por favor, madame, dejadme que arruine su honor!
Y éste es mi amigo, colega gilipollas -
a veces diputado, a veces samurái, a veces simplemente un coñazo...
Bueno, ya, hemos llegado!
Nos vamos antes de que nos descubran, coño.
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lunes, 11 de octubre de 2010
miércoles, 25 de agosto de 2010
Un poema de C. D. Wright.
Traduzco un poema de su libro Deepstep Come Shining (Los pasos profundos que vienen brillando, por ejemplo), de 1998, que he encontrado por Internet.
*
Hay aquí suficientes signos de la ternura que falta
en el mundo. Y más aún. Todo lo que tienes que hacer es preguntar. Alguien
puede aquí alabar las virtudes de una cebolla que poner a la barbacoa,
picada, en tiras, o troceada. La hora del día en que ellos han
conocido la espina del amor.
puede aquí alabar las virtudes de una cebolla que poner a la barbacoa,
picada, en tiras, o troceada. La hora del día en que ellos han
conocido la espina del amor.
Carolyn D. "C. D." Wright
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viernes, 20 de agosto de 2010
Un poema de Göran Sonnevi.
XXXVI
También yo participo del proceso interior
de aniquilación La sociedad en la que entramos
cada vez más desintegrada, cada vez más
desaparecida Si yo entonces gene-
ralizase esto Si diese el salto a
la sociedad de la aniquilación No estamos
allí, aún no Todavía la destrucciçon externa
acontece en las periferias, no
aquí No hay alternativa alguna
Veremos este proceso mirándolo a los ojos
Incluso con ojos petrificados nos veremos
mutuamente No hay remedio
Vemos la aniquilación interior del corazón
Vemos las imágenes destruidas de nuestros cuerpos
También yo participo del proceso interior
de aniquilación La sociedad en la que entramos
cada vez más desintegrada, cada vez más
desaparecida Si yo entonces gene-
ralizase esto Si diese el salto a
la sociedad de la aniquilación No estamos
allí, aún no Todavía la destrucciçon externa
acontece en las periferias, no
aquí No hay alternativa alguna
Veremos este proceso mirándolo a los ojos
Incluso con ojos petrificados nos veremos
mutuamente No hay remedio
Vemos la aniquilación interior del corazón
Vemos las imágenes destruidas de nuestros cuerpos
Göran Sonnevi (1981): Suaves acordes; una voz.
Extraído de Litoral, nº 127-128-129.
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jueves, 22 de julio de 2010
Quiero escribir. Un poema de Margaret Walker.
La siguiente es una traducción del poema I want to write de Margaret Walker (1915-1998). Es sencilla, pero puede dar pistas a los lectores de poesía sobre su obra, entre la que hemos de remarcar, por su importancia, For my people (1942).
Q_U_I_E_R_O___E_S_C_R_I_B_I_R
Quiero escribir
quiero escribir las canciones de mi pueblo
quiero escuchar a las gentes de mi pueblo cantar melodías en la [oscuridad.
Quiero recoger la última tensión que flota en los sollozos de sus [gargantas rasgadas.
Quiero enmarcar sus sueños en las palabras; sus almas en mis [notas.
Quiero recoger en un cuenco su brillo solar, como sonriendo;
quiero arrojar sus manos oscuras al cielo todavía más oscuro
y llenarlas todas de estrellas
quiero después arrugar y mezclar tales luces hasta que ellos,
[las gentes de mi pueblo, lleguen a ser
el brillo que reflejan los charcos al amanecer.
Traducción de Rubén Pérez.
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jueves, 15 de julio de 2010
Casas blancas. Un poema de Claude McKay.
Comparto una modestísima, imprecisa traducción del poema "White Houses" del jamaicano Claude McKay (1889-1948), vinculado al comunismo primero, y al renacimiento de la cultura afroamericana después, en el mítico y universal barrio de Harlem. Que yo sepa, no existe traducción al castellano de este poema en concreto -al menos no en Internet-, por lo que espero que pueda ser de utilidad a aquéllos que tengan nulo o escaso conocimiento del inglés. Me he permitido algunas licencias que me han parecido necesarias para otorgarle cierta cohesión al texto. Advierto que cualquier otra traducción puede ser más fiel, o más digna, que ésta.
C_A_S_A_S___B_L_A_N_C_A_S
Vuestra puerta se ha cerrado contra mi rostro, aplastado,
Y, con el descontento, estoy tan afilado como el acero;
Mas poseo la valentía y la gracia
Para aguantar mi cólera con orgullo y altivez.
Para aguantar mi cólera con orgullo y altivez.
Las losas de la acera arden sueltas bajo mis pies,
Los de un salvaje irritante, abajo en la calle decente;
Y la pasión desgarra mis órganos vitales a mi paso
Por donde audazmente brilla, cerrada, vuestra puerta de cristal.
¡Oh, debo buscar la sabiduría a cada hora,
En la profundidad de mi iracundo pecho, dolorido y abierto,
Y hallar en ella el poder sobrehumano
Para cumplir el texto de vuestra ley!
Oh, debo mantener mi corazón inviolable
Contra el potente veneno de vuestro odio.
Traducción de Rubén Pérez.
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lunes, 12 de julio de 2010
Los nombres de los muertos. Un poema de Wadih Saadeh.
Abrió la mano y contó con los dedos
Los nombres de los muertos,
Luego usó los dedos de la otra mano.
Añadió a la lista los colores que le rodeaban,
Las ramas del árbol que estaba frente a su casa,
Las plantas del camino y las hojas del bosque.
Y antes de dormirse,
Añadió su propio nombre.
A causa de una nube en el columpio (1992)
WADIH SAADEH: Poeta y periodista. Obras: La noche no tiene hermanas (1981), Texto de la ausencia (1999), Polvo (2001).
Los nombres de los muertos,
Luego usó los dedos de la otra mano.
Añadió a la lista los colores que le rodeaban,
Las ramas del árbol que estaba frente a su casa,
Las plantas del camino y las hojas del bosque.
Y antes de dormirse,
Añadió su propio nombre.
A causa de una nube en el columpio (1992)
WADIH SAADEH: Poeta y periodista. Obras: La noche no tiene hermanas (1981), Texto de la ausencia (1999), Polvo (2001).
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sábado, 2 de enero de 2010
En Tres Orillas, número 13-14.
Al volver a San Roque para pasar las fiestas me he encontrado con un ejemplar de la revista Tres Orillas, dirigida por la poeta Paloma Fernández Gomá. Este número 13-14 (septiembre de 2009) está dedicado a "Mitos y leyendas del Estrecho de Gibraltar y sus orillas", y tiene textos de Juan José Téllez, Fernando de Villena, Rafael de Cózar (autor del poema visual de la portada), Manuel Gahete, Waleed Sahir, Boujemaa El Abkari, Rachida Gharrafi, Mauricio Gil Cano, Juana Castro, Encarna León (de cuya obra se presenta un meticuloso estudio), Mohamed Ahmed Bennís, Paloma Fernández Gomá o Juan Emilio Ríos Vera, entre otros. Ilustran Juan Gómez Macías, Rafael de Cózar, Antonio López Canales, Sira Ascanio y Juan Orozco Ocaña.
Yo he participado con el poema titulado Carteia.
C A R T E I A
Aquí mi alma desgreñada.
¿Fue verdad la noche?
Las columnas me revelan un firmamento rotundo
-naife extensivo para la memoria-
si dejo antes los ojos entre los nísperos
y cierro bien la cancela del patio.
Respiro hondo. Casi es de día.
Llevo en mí el olor a estrellas.
(Acequias con mi sangre austral
traen rumores de una muchacha morena)
¡Oh ingravidez de las devoraciones!
Vivir así es soñar.
Soñar, vivir lento
en minúsculas prendas coloradas.
(Cerca de la orilla
tus labios comenzaban a nacer)
¿Fue verdad la noche?
Qué importa:
mi alma desgreñada.
Rubén Pérez Trujillano (2009).
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viernes, 12 de septiembre de 2008
Un poema de Charles Baudelaire.
Es una fuente de oro negro. Y evidentemente no me refiero al petróleo. Es otra clase de oro negro cotidiano.
No sé si es la traducción más correcta, pero bueno. De Carlos Pujol, en una edición de Planeta de 1990.
EL CREPÚSCULO DE LA MAÑANA
Suena en cada cuartel la canción de la diana
y en el alba se agitan farolas al viento.
Es la hora en que enjambres de maléficos sueños
en sus camas retuercen a muchachos morenos;
cuando un ojo sangriento que nervioso palpita
es la lámpara, ya mancha roja en el día.
Cuando agobian al alma cuerpos toscos y ásperos
imitando el combate de la luz y la lámpara.
Como un rostro con llanto que las brisas enjugan
en el aire hay temblores fugitivos; el hombre
de escribir ya se cansa, y de amar a la mujer.
Y las casas comienzan a humear por doquier,
las rameras al alba, con los párpados lívidos,
entreabierta la boca, duermen como aleladas;
las mendigas arrastran pechos flacos y fríos,
soplan en sus rescoldos y se soplan los dedos.
Es la hora en que en medio del helor y del hambre
siente la parturienta agravarse el dolor;
un sollozo cortado por la sangre espumosa
es el canto del gallo entre el aire y la bruma;
todo un mar de neblina la ciudad está inundando
y en los cuartos de asilos los que van a morir
lanzan sus estertores entre bruscos hipidos.
Extenuados regresan a su casa los crápulas.
Tiritando, la aurora, de color rosa y verde,
lentamente recorre todo el Sena desierto,
y el sombrío París, que se frota los ojos,
volverá a su tarea como un viejo incansable.
Charles Baudelaire. Las flores del mal. 1857.
No sé si es la traducción más correcta, pero bueno. De Carlos Pujol, en una edición de Planeta de 1990.
EL CREPÚSCULO DE LA MAÑANA
Suena en cada cuartel la canción de la diana
y en el alba se agitan farolas al viento.
Es la hora en que enjambres de maléficos sueños
en sus camas retuercen a muchachos morenos;
cuando un ojo sangriento que nervioso palpita
es la lámpara, ya mancha roja en el día.
Cuando agobian al alma cuerpos toscos y ásperos
imitando el combate de la luz y la lámpara.
Como un rostro con llanto que las brisas enjugan
en el aire hay temblores fugitivos; el hombre
de escribir ya se cansa, y de amar a la mujer.
Y las casas comienzan a humear por doquier,
las rameras al alba, con los párpados lívidos,
entreabierta la boca, duermen como aleladas;
las mendigas arrastran pechos flacos y fríos,
soplan en sus rescoldos y se soplan los dedos.
Es la hora en que en medio del helor y del hambre
siente la parturienta agravarse el dolor;
un sollozo cortado por la sangre espumosa
es el canto del gallo entre el aire y la bruma;
todo un mar de neblina la ciudad está inundando
y en los cuartos de asilos los que van a morir
lanzan sus estertores entre bruscos hipidos.
Extenuados regresan a su casa los crápulas.
Tiritando, la aurora, de color rosa y verde,
lentamente recorre todo el Sena desierto,
y el sombrío París, que se frota los ojos,
volverá a su tarea como un viejo incansable.
Charles Baudelaire. Las flores del mal. 1857.
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